El almanaque de mi padre
Aprovechando mi reciente viaje a Barcelona y que los domingos, seamos realistas, hay poco que hacer, aproveche para dar una vuelta por el mercat de Sant Antoni. Allí pude adquirir un manga que salió hace tiempo en España bajo el sello línea Pachinko.
Corría el año 2002 cuando en Planeta alguien decidió que los chavales que habían esto leyendo manga hasta ese momento ya no eran tan chavales y empezaban a querer otro tipo de historias, en las que la acción fuese más discreta o más violenta, la línea se estrenaba con un manga que ha pasado a ser, para mi, una obra esencial que demuestra que detrás de los narutos de moda hay historias de gran calidad.
Cada vez que tengo en mis manos un manga de Jiro Taniguchi me cuesta ir más allá de la portada, no es que los mangas sean especialmente difíciles de entender o algo así, pero tengo una relación amor-odio con este autor, pues si bien lo admiro y venero con devoción como el gran artista que es, se que cuando empiece a leer me sentiré invadido por un montón de sensaciones que no podré controlar. La forma de narrar de Taniguchi es contundente, no da respiro al lector que ve como, página a página, se identifica con unos personajes con los que, a priori, no tiene ningún nexo. Al releer El almanaque de mi padre no he podido evitar dicha sensación, el hecho de leerlo por segunda vez no impedía de ninguna forma que volviera a ponerme en la piel del protagonista, comprendiendo sus razones y, a la vez, increpándolo por sus actos, mientras que mi subconsciente relacionaba cada situación vivida por el protagonista con alguna de mis propias vivencias, porque pese a no vivir las mismas circunstancias, todos, alguna vez, hemos tenido los mismo miedos y anhelos que el protagonista, convertido en espejo de nuestro pasado.
No me avergüenza revelar que mientras estaba leyendo este manga se me saltaban las lagrimas, pocas veces me pasa, pero con Taniguchi siempre, la empatía que desarrollo con los personajes de sus obras, y por lo que se le pasa a más gente, forma parte de la magia que tiene este autor a la hora de contar historias, y, aunque aparentemente no suceda nada la acción está presente en cada página, en forma de palabras, porque acción no es sinónimo de hostias como panes.
Ahora que Planeta ha reeditado El almanaque de mi padre en formato lujo exhorto a todo el mundo a que corra a hacerse con él.

